domingo 19 de octubre de 2008

1º de enero de 2000

Calor intenso en la ciudad de Don Seferino, una mezcla de paupérrimo pueblito con club House a 30 km y una veintena de casas de no menos de 500 m2 a su alrededor.


Allí vivían Sonia y Pablo. Habían decidido hacer una gran fiesta, y que mejor ocasión para hacerlo que en año nuevo, nuevo siglo, nuevo milenio.

En Don Seferino vivían "ellos". Los que iban a misa todos los domingos, pero se olvidaban de aumentarle el sueldo al personal doméstico. Los que viendo a un chiquito del pueblo sin zapatillas, ni se les cruzaba por la cabeza juntar la ropa que ya no usaban para regalarla.

Ellos, eran Sonia y Pablo. Un matrimonio de profesionales, con un excelente pasado de privilegios en su haber. La gran casa, era fruto de años de trabajo. Pero también de papa Goyo y mamá Chichi, padres de Pablo; papá Gastón y mamá Mimí, los de Sonia.

La casa la habían adquirido hacia mas de 10 años, cuando comenzaban a pensar en una familia, y el departamento de Palermo les estaba quedando chico. Ya habían llegado Christian, Benjamín y pronto vendría María Candelaria.

Pablo y Sonia eran la pareja ideal. Él, arquitecto de renombre. Ella, abogada.
Juntos habían hecho de Don Seferino un pueblo que se nombraba en los mapas. Ellos, junto con Poli y Coty; Verena y Horacio; Juan Manuel y Carina. El grupo selecto de amigos.

Todos tenían su gran casa.
Algunas con techo pizarra, otras con techo de tejas coloniales. Algunas con piletas climatizadas, otras con jacuzzi's. Algunas con dos o tres pisos, otras con todos los ambientes distribuídos en una sola planta. Todos los diseños eran de Pablo Arustarain.


Sonia se había dedicado de lleno a sus hijos durante los diez primeros años. Hacía poco había abierto su despacho. Se había asociado con Coty Ventimiglia y Juan Manuel Garcia Delgado.

Tenían poco trabajo. Pero su fuerte estaba en la ciudad. A no menos de 50 km . Todos los días desde hacia tres años Juan Ma las pasaba a buscar en su cuatro por cuatro. Todos los días, compartían mas de doce horas de trabajo.



Esa noche del 1º de enero, estaban todos reunidos en el salón principal. Listos para una cena de año nuevo diferente.

Horacio y Pablo, no dejaban de contar chistes, uno peor que el otro. O reír con las anécdotas de Poli.
Carina y Coty lo único que hacían era lo de siempre, criticar a las madres del colegio de sus hijas.
Verena en un rincón iba por el tercer whisky.
En otro lugar de la sala Juan Ma. y Sonia, hablaban.

Parecía una charla de negocios, pero Juan le estaba reclamando a Sonia una escapada "prometida" a Cariló. Debían decir que se iban a Paraná por un divorcio controversial. Pero Sonia no se animaba. Pensaba todo el tiempo en que no podía hacerle esto a Pablo.
Pero también tenia la necesidad de terminar con lo que había empezado como un coqueteo de "oficina". Juan Ma era muy insistente.

Todo había comenzado una tarde en la que los dos se quedaron atendiendo sendos casos. Coty se había ido puntualmente a las cinco. "Clase de danzas" de Pally.

Juan Ma ya había comenzado con las insinuaciones desde hacia algún tiempo. Sonia era una mujer muy atractiva, de 40 y tantos años. Todavía no se había hecho demasiado, tan solo las lolas, porque después de los chicos, ya no estaban en el lugar de antes. El resto lo mantenía a fuerza de dietas, gym y cápsula de Ozono.

Juan Ma volvía a la carga una y otra vez. Sonia sonreía.

Esa tarde, ya siendo las siete y media hacia mas de una hora que solo simulaban trabajar. De vez en cuando se escuchaba un :

-...y Sony cuando me vas a dar el gusto ?
- Nunca
- mmm nunca digas nunca...
-Dije: nunca
-Dale, no seas malita. Dejame que pruebe...
-No
Y reían.


Sonia fue a la pequeña cocinita a servirse un café. Al darse vuelta, ahí estaba él, parado con su metro ochenta y largos. A quince centímetros de su cara, pronto sintió el correr de un calor intenso por todo su cuerpo.
Al instante Juan la sostuvo por la cintura. Parecía mas pequeña dentro de los brazos fuertes de Juan. Se dejó llevar, sintió su pecho, el estomago plano. El calor de él hacia ella. La miró y allí mismo le dio un beso que la hizo trastabillar.

En ese momento el teléfono celular de Sonia comenzó a sonar.

Corrió a atenderlo.

Era Pablo.

-Amor, estoy en la puerta,...dale!

Sonia se mojó la cara en el baño. Trató de quitarse lo sonrojado de las mejillas, pero no pudo.


-Amor... estas roja!
- Si,... no andaba el aire en la office...


Adentro Juan, solo pensaba en una cosa: como seria pasar una noche con ella.